domingo, mayo 24, 2009

ACLARACIÓN SOBRE LA ANTERIOR ENTRADA.
El post anterior es un tanto peculiar. He utilizado el espacio de los comentarios como si fuera el dedicado a escribir la entrada. Concretamente, para reproducir los comentarios de otro blog.

MARCHANDO UNA DE ATEOS.

Es, realmente, curioso lo que pueden dar de sí ciertas actitudes de desprecio o de odio a todo lo que signifique religión. Sobre todo, en lo que se refiere al cristianismo. Concretamente a la Iglesia Católica a la que los últimos listillos de turno han rebautizado con el ridículo nombre de “ICAR”.
Relacionado con lo anterior, existe una nueva oleada de ateísmo militante, invasor, plasta, soporífero y cutre al que le resulta imposible estarse quietecito: campañas de autobuses, campañas de desprestigio de la religión por parte de los medios, de algunas webs y de algunos blogs etc. Alguien me podría decir: eso es un asunto de quienes disponen de esos espacios en Internet; en su casa, hace cada uno lo que quiere; si no estás de acuerdo, no entres. Muy bien, pero resulta que en esas “casas” entra todo quisque, muchas veces personas con escasa preparación a la que es fácil seducir con mentiras o medias verdades que le reafirmen en su autosatisfacción y en la autoindulgencia incluso cuando su comportamiento deja mucho que desear. Y suele suceder que alguien afirme que sabe tal cosa porque la leyó en Internet y la página en donde obtuvo tal información la obtuvo de otra página y esta página, de otra página y ésta última, de otra… Aquí no hay más remedio que ser tomista. No vale decir que la cadena casual pueda alargarse al infinito. Alguien tuvo que echar el bulo a rodar.
Está de moda difamar a la Iglesia. Antes, era sólo a la institución a la que se criticaba. Ahora se pretende, además de eso o, justamente, al hilo de esa crítica, impugnar la historia entera del cristianismo e incluso la existencia misma de Jesús. Según los partidarios de su inexistencia, Cristo no es más que un mito copiado de otros mitos. Se dice que otros personajes mitológicos tuvieron el mismo tipo de vida, hicieron lo mismo o les pasaron las mismas cosas. De Krishna, por ejemplo, se dice que también nació de una madre virgen. ¡Después de tener otros siete hijos! Antes no era virgen; ahora, sí. Parecidos paralelismos se suelen hacer con Dionisios, Heracles, Horus, Mitra etc. Lo que pasa es que sólo se “nos informa” de esas características coincidentes cuando se trata de negar su existencia. Si vamos a un diccionario o una enciclopedia de mitología o a cualquier obra de divulgación que, simplemente, informe sobre los mitos del pasado, ese supuesto paralelismo desaparece. En ninguno de estos, se nos dirá que Dionisios convirtió el agua en vino o que nació de una madre virgen o que Horus tuvo doce discípulos.
¿A qué viene esta nueva campaña antirreligiosa cuando los creyentes fanáticos son una minoría? Ahí tenemos al pelmazo de Dwakins y su libro, es un decir, “El espejismo de Dios”. Un libro voluminoso, de esos que solían utilizar los maestros de antaño cuando castigaban a algún discípulo díscolo de rodillas y con las palmas de las manos abiertas sosteniendo algunos tomos, pero, en definitiva, un bodrio infantiloide, lo que nos lleva a la conclusión que no tiene porqué haber ninguna proporción directa entre la masa física de un libro y su sustancia gris. El Libro Gordo de Petete me merece un mayor respeto. Ahí tenemos a la basura inmunda de “La puta de Babilonia” de Fernando Vallejo donde no hay más que insultos sin cuento, tópicos supermanoseados por todos los anticlericales que en el mundo han sido y la afirmación de extrañeza de que el Nuevo Testamento haya sido escrito en griego cuando a nuestro Fernandito le resultó muy cuesta arriba tal idioma. ¿Es que no sabe este Fernan que el griego se utilizaba como lengua franca en todo el ámbito del Imperio Romano? Ahí tenemos a la obra maestra de autocomplacencia analfabeta de “El catolicismo explicado a las ovejas” donde vuelve con los falsos paralelismos entre Cristo y los otros personajes mitológicos. No he leído entero ninguno de estos libros, pero me basta haberlos hojeado en alguna librería para tener una nada favorable opinión sobre ellos.
El ateo de la vieja escuela era una persona que sabía guardar las formas. No creía en Dios, pero sabía, más o menos, a qué se refería un creyente con la palabra “Dios”: el Ser que se basta a sí mismo, omnisciente, omnipotente… ahora preguntan: muy bien, tú crees en un dios, pero ¿cuál de ellos? Intentan comparar a Dios con los dioses cuando no son, conceptualmente lo mismo. Por eso, escriben “dios” con minúscula y no con mayúscula como lo hacía el incrédulo de antaño que, por lo menos, tenía mayor educación.
Y ¿qué decir de sus pretensiones de racionalidad? Cualquier argumento a favor del ateísmo es visto por muchos de sus partidarios como el colmo del sentido común. Por ejemplo, éste inventado por Dwakins, o eso creo: “Tú y yo somos ateos, lo que pasa es que yo creo en un dios menos que tú”. Se refiere, como es natural, a las religiones monoteístas. ¿Es eso un argumento racional? Muy bien. Juan tiene ocho perros, Pablo, tiene uno y Manuel ninguno, y Manuel, ni corto ni perezoso, le suelta a Pablo: “tú no tienes ningún perro, al igual que yo. Lo que pasa es que yo tengo un perro menos que tú”.
Estos ateos, además, siempre desvían la cuestión. Cuando no pueden contraargumentar contra la posible existencia de un Ser autosuficiente y eterno, se sacan de la manga lo de que “la religión ha sido muy nociva para la humanidad, sobre todo la Iglesia Católica”. Les gusta cambiar el tercio, salirse por la tangente o por peteneras, a gusto del consumidor.
Para que vean lo “racionales” que son algunos de estos ateos, reproduzco en los comentarios una discusión que tuve en cierta bitácora cuyo autor se finge ese Ser con el único objeto de burlarse. He cambiado algunos nombres y he ocultado algunas referencias. No quiero que piensen que
estoy señalando con el dedo.

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Soy cristiano. Creo en Dios.

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¡Viva el aceite de oliva!

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La Virgen de las Maravillas; Patrona de Cehegín

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Talla del siglo XVIII; de mano del escultor napolitano, Nicolas Fumo

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