viernes, mayo 27, 2011


SINVERGÜENZAS CON TRAJE Y CORBATA
Esta misma mañana, acabo de recibir, en una de mis cuentas, el email de un amigo con el correo de un vecino de Lorca, en el que se incluye, en archivo adjunto, un texto para ser difundido por todos los medios posibles, sean digitales: facebook, emails, blogs etc. o no digitales.
He aquí el correo enviado:

Os mando el correo del padre de un alumno de Piano de Lorca, que es escritor y profesor de Literatura en Lorca...
Hay que chincharse, en menuda sociedad de aprovechaos vivimos...
Un saludo
* * * *



> Amigos, os escribo desde Lorca, esa ciudad que estos días ha ocupado
> páginas y pantallas. Sí. No os han engañado: esto es un caos.
> He escrito un texto breve y quiero compartirlo con vosotros. Me
> gustaría darle la mayor difusión. Por ello os ruego que lo reenviéis a
> quien queráis, a través de correos, face book, tuenti, messenger,
> blogs o lo que sea... Yo lo voy a mandar también a la prensa regional
> y nacional, aunque no sé si me harán caso.
> Gracias de antemano. Un abrazo a todos.
>
> ---
> ES EL DESEO DE LA INFINITUD
> LO QUE NOS HACE ESCLAVOS DEL INSTANTE
>
> Juan Ramón Barat
> www.juanramonbarat.com



--
Saludos y Abrazo.
Antonio Agustín González Hidalgo.
"Y no te olvides de Lorca"

Y, he aquí, el texto a compartir que iba en archivo adjunto:

LOS MISERABLES

Van vestidos con chalecos y cascos reflectantes y llevan una bolsa con botes de pintura o sprays. Forman grupos de cuatro o cinco individuos. La gente de Lorca los ve recorrer las calles, sorteando escombros, pisoteando cascotes, vadeando cintas y vallas que prohíben el paso.

Lorca, asolada por varios terremotos, parece una ciudad bombardeada y estos hombres del chaleco van catalogando los diversos grados de la catástrofe. Como si marcaran en un estadillo el número de ilesos, heridos, muertos y desaparecidos en una guerra macabra –valga la redundancia-. Lo indican con colores: verde, amarillo y rojo. Los del ejército (Unidad Militar de Emergencia) son unos verdaderos ángeles caídos del cielo, aunque no lleven alas y vistan de negro, porque se están dejando la piel en la tarea, arriesgando su vida al entrar en las casas que pueden venirse abajo de un momento a otro. Cuando se topan con el infierno de lo irremediable, le ponen un matiz fúnebre al asunto del cromatismo: pintan directamente con un círculo negro, que significa más o menos lo que el mismo color sugiere: pozo negro o cataclismo integral o muerte súbita.

Los hombres del chaleco reflectante o los del UME, decíamos, recorren la ciudad con los botes de pintura y marcan una cruz o un círculo en las fachadas o junto a las puertas de los edificios y las casas. La gente los rodea, los sigue, acecha sus movimientos, habla con ellos con el corazón encogido, el alma en vilo, los ojos al borde de las lágrimas, porque del color de la cruz o del círculo depende el nivel de la desgracia. Se puede entrar en la casa sin problemas, aunque haya desperfectos (verde); se recomienda no entrar o entrar con mucho cuidado, pero salir enseguida (amarillo); no se puede entrar porque las estructuras del edificio han sido gravemente dañadas y hay peligro de derrumbe (rojo); se prohíbe el paso, este edificio va a ser demolido en breve (negro).

Lo curioso del caso es que muchísimos de los edificios coloreados de rojo o negro son de reciente construcción. Como suena. Estamos hablando de uno, dos, tres, cuatro o cinco años de antigüedad. Algunos, incluso, aún no han comenzado a ser habitados.

El terremoto de 5,1 grados habido en Lorca a las 18:50 h. el pasado miércoles, día 11 de mayo, ha dejado al descubierto las miserias no sólo de los edificios sino de los arquitectos, ingenieros, constructores, maestros albañiles, contratistas, promotores y otros personajes del mundo del ladrillo, que nos han dado gato por liebre. No sé si el lector me estará entendiendo. En vez de poner 1.000 kilos de hierro para sujetar la estructura estos miserables han empleado 500 kilos. En vez de colocar hormigón o cemento armado, han usado arena tonta. Y así sucesivamente. Pero no contentos con esa estafa, se dedicaban a vender esos pisos treinta veces más caros de lo que a ellos les costaba. Dicho de otro modo, un piso podía costarle al constructor entre 50 ó 70.000 euros aproximadamente. Pues bien, los vendían por 240, 250, 260 ó 270.000 euros, céntimo arriba, céntimo abajo, según cómo y dónde, en las fechas en que fueron puestos a la venta. Es decir, en los años de las vacas gordas, previos a la gran crisis actual. Que el lector saque sus conclusiones.

Estos indeseables que se han dedicado a llenarse el bolsillo robando e inflando el mercado inmobiliario, conchabados con los banqueros y otros alienígenas corruptos de los que hablaremos otro día, son los responsables de la burbuja especulativa y de la bancarrota económica y moral en la que estamos sumidos. Pero no sólo eso. Como digo, el terremoto ha puesto al descubierto las miserias de los edificios de paja que estaban construyendo. Por si el lector no lo sabe, un edificio debe ser capaz de soportar el achuchón de un terremoto de unos 7 grados en la escala Richter. Y estos no han aguantado ni uno de 5,1.

¿Quiénes son estos constructores, promotores, ingenieros o arquitectos? Lorca no es tan grande. Pueden contarse con los dedos de las dos manos. Todo el mundo los conoce. De hecho, algunos cometieron la osadía de colocar una placa con su nombre junto a la puerta del edificio donde ahora los hombres del chaleco reflectante y los del UME han dibujado un círculo rojo o negro.

Estoy convencido de que si el célebre Víctor Hugo, uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, saliera de su tumba, no dudaría en utilizar todo este material (de derribo y humano al mismo tiempo) para acometer la segunda parte de su famosa obra Los miserables.

Espero que esto no se quede en agua de borrajas, que es lo que suele suceder siempre en este país. Tal vez no sea una mala idea que los propios afectados, esos hombres y mujeres que han visto desmoronarse brutalmente su casita de papel –perdón por la metáfora-, acudan a los tribunales y presenten las demandas pertinentes para que se depuren responsabilidades civiles y penales. En algún lugar tiene que haber un juez dispuesto a hacer justicia –lamentablemente la frase no es un pleonasmo-. Estos miserables deben ser juzgados, y no sólo por lo sucedido sino también por todo lo que podía haber ocurrido. Porque si el terremoto hubiera dado un arreón un poquito más fuerte, sin necesidad de llegar a la magnitud de los 7 grados, Lorca no sería hoy una triste ciudad en ruinas. Sería un inmenso cementerio en ruinas.



Juan Ramón Barat

Escritor independiente


www.juanramonbarat.com


18 de mayo de 2011



En fin. No tengo palabras. Para amortiguar el mal sabor de boca, os dejo con un eximio lorquino: el gran guitarrista hispano japonés de Lorca, Narciso Yepes. De paso, servirá este vídeo como homenaje al pueblo japonés, que también ha pasado por lo mismo, aunque con mayor intensidad.

video

viernes, mayo 20, 2011

Le petit bonheur

La letra está en el vídeo.

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Mi pueblo

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Su casco viejo

Soy cristiano. Creo en Dios.

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¿y qué?

¡Viva el aceite de oliva!

¡Viva el aceite de oliva!
Fuente de salud

La Virgen de las Maravillas; Patrona de Cehegín

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Talla del siglo XVIII; de mano del escultor napolitano, Nicolas Fumo

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