jueves, mayo 06, 2010


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LAS AVENTURAS DE PINOCHO.

C'era una volta...- Un re! - diranno subito i miei piccoli lettori.

No, ragazzi, avete sbagliato. C'era una volta un pezzo di legno. (Había una vez... ¡Un rey! dirán de repente mis pequeños lectores. No, chiquillos, os habéis equivocado. Había una vez un trozo de madera.) Así empieza el cuento de Collodi, pseudónimo de Carlo Lorenzini. Aquí tenéis el fragmento de una antigua versión cinematográfica. Está en italiano. Creo que se entiende más o menos. Aunque no creo que eso importe demasiado si se observa bien la situación: Gepetto es un carpintero pobre, tan pobre que tiene pintar el fuego en la pared que da a la lumbre, ésta sí, real, de un colega, más rico, pero más avaro. Acaba de despertarse y ¡sorpresa! su muñeco de madera acaba de convertirse, por obra y gracia del hada buena, en un niño de verdad. ¡A sus años y ya padre sin comerlo ni beberlo! A esto, llama un cliente para encargarle un trabajo a cambio de un vaso de leche. Lo coge y se lo ofrece a su nuevo retoño. El rapaz no quiere estar encerrado. Así que huye, y su padre detrás de él... Bueno, pero no creáis que el rollo que acabo de soltaros es suficiente. Os voy a poner un examen: ¿en qué lugar intenta esconderse el angelito? ¡Ah! Otra cosa. Lo que se oye al principio no es el congreso de los diputados.


2 comentarios:

Leona catalana dijo...

¡Ja ja ja! Intenta esconderse en un circo.
¿Seguro que lo que se oye no es el Congreso de los Diputados?... No sé, no sé... ;D

Vicente dijo...

No, no. Lo del circo viene después, cuando vende su cartilla de la escuela para comprar una entrada para el mismo.
A ver, el rapazuelo roba un queso a un hombre que estaba pescando en el río y sale pitando, el pescador y el padre de la criatura, detrás, persiguiéndolo.
A esto, se mete en un lavadero y se esconde en... bueno, hay muchas mujeres lavando y, por entonces, las mujeres no usaban pantalón. Cuando se mete donde no debe, todas empiezan: ja, ja, ja. Cuando llega el pescador y ve dónde se ha metido e intenta abrir el escondite... pues se acabaron las risas; ya no se trata de una inocente criatura la que se permite semejante atrevimiento y la señora, afrentada, empuja al perseguidor, de modo no excesivamente cortés.
En cuanto a lo que se oye al principio, bueno, es algo muy pastoril... ¡animalicos del Señor! la escena se desarrolla en un ambiente muy rural.
No es que sean muy diferentes del congreso de los diputados. Pero..., en fin, hay que decir que nuestra opinión acerca de estos herbívoros debe ser más favorable en comparación con sus congéneres parlanchines de dos patas.
En fin, aunque estos seres parlanchines parecen estar en una cabaña, ni dan leche, ni dan lana ni, mucho menos, mantequilla para la semana.

Por eso, nuestra opinión sobre éstos debe ser menos ventajosa.


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